Sólo vine a ver el jardín

Sólo vine a ver el jardín, 2019. Instalación: estructura de madera y hierro, fotografía sobre seda (transfer), poesía sobre seda (transfer), luz y planta, 180 x 180 x 230 cm. /

Y pensó, sólo vine a ver el jardín.
Pero ya había sido devorado por dragones.

La instalación construye un espacio suspendido donde el diálogo entre sus elementos, luz, planta, fotografía y texto, generan una atmósfera suave que habla sobre el vínculo del ser humano y la naturaleza o lo que queda de él. 

La obra es un diálogo entre imagen y poesía que revela el conflicto de la relación del ser humano con la naturaleza. Este montaje de retratos y fragmentos poéticos cuestiona la integración del ser con su entorno, con la tierra, con la piedra, con el viento, con los animales, con las plantas.  La estructura construye un templo, un espacio de refugio y protección para el hombre  y sus miedos, pero que en su lugar sólo encontramos una planta en suspensión. La luz central baña las tiras de seda revelando composiciones visuales de fotografía y poesía que construyen relatos visuales que juegan entre el umbral de lo real y lo onírico. La planta gira lentamente bajo la luz. Los retratos contemplan el jardín del cual, un día, venimos. 

Para esta obra se utilizaron fragmentos de poemas de Alejandra Pizarnik, Carmen Camacho y de autoría propia.

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